En la segunda Carta de Pablo a los Corintios, en el capítulo 4 y los versículos 7-9; el apóstol muestra un doble contraste: primero, el tesoro de la luz del evangelio que acaba de mencionar en el versículo 6, resaltando que es la luz que resplandece en nuestros corazones y lo contrasta con las vasijas de barro, que somos todos nosotros los portadores de ese tesoro.

Introducción

En la segunda Carta de Pablo a los Corintios, en el capítulo 4 y los versículos 7-9; el apóstol muestra un doble contraste: primero, el tesoro de la luz del evangelio que acaba de mencionar en el versículo 6, resaltando que es la luz que resplandece en nuestros corazones y lo contrasta con las vasijas de barro, que somos todos nosotros los portadores de ese tesoro.

Debemos recordar que los vasos de barro eran de los artículos más comunes del mundo antiguo, eran de poco valor y fáciles de romper. En ellos se podía guardar desde cosas insignificantes hasta joyas.

Estas mismas vasijas de barro eran utilizadas muchas veces como lámparas, cuando se vertía aceite en ellas; de este modo, el verdadero tesoro era la luz.

La fragilidad de los portadores, de los mensajeros, manifestada en sus aflicciones (V. 8-12) muestra que el verdadero poder le pertenece sólo a Dios.

Según Simón J. Kistemaker, los rabinos judíos solían decir: “Es imposible guardar el vino en vasijas de oro y plata; pero si se pueden guardar en el más humilde de los contenedores, en vasijas de arcilla, en vasijas de barro.

El apóstol Pablo era el mejor ejemplo de una persona frágil, que en múltiples ocasiones había sido sometido a dificultades, persecuciones, aflicciones físicas y emocionales, como el mismo lo había ya expresado en varias ocasiones.

Él llevaba las marcas de Cristo, él tenía para mostrar todas las cosas adversas que había vivido; había estado atribulado, perplejo, perseguido y abatido.

Él sabía lo que era estar frente al confinamiento, sin saber qué le depararía el futuro. (I Corintios 4:11-13 ; II Corintios 1:8-10 ; II Corintios 6:4-10 ; II Corintios 11: 23-27 ; II Corintios 12:10)

¿Qué podemos aprender del apóstol Pablo en este pasaje, que sea pertinente para la actual situación que vivimos en el mundo?, seguramente que muchas cosas, permítanme plantear algunas de ellas.

Primero: Estamos atribulados, pero no angustiados (II de Corintios 4: 8A)
El apóstol plantea un contraste en la primera frase del versículo 8: Estamos atribulados en todo, pero no angustiados.

Cuando Pablo dice “en todo” su expresión es conmovedora, basta con ver la serie de dificultades por las cuales tuvo que pasar, persecuciones de índole físico, moral, emocional, traiciones, naufragios, hambre, dolor, realmente había sido probado en todo. ¿Pero, qué quiere decir Pablo con la expresión atribulados, pero no angustiados?

La palabra atribulados proviene del griego thlibó, expresión que se usaba para hacer referencia a la tarea de prensar o exprimir las uvas. También es la idea de estar soportando una gran dosis de aflicción o de presión.

El estar atribulado, en este caso, es una referencia clara al hecho que muchas cosas que nos suceden, pueden generar incertidumbre, que se traduce en un sentimiento de estar atribulados. No saber lo que va a pasar, puede generar estos sentimientos.

Pero Pablo, inmediatamente, hace el contraste usando otra expresión relacionada y muy significativa. Pablo dice que, aunque estamos atribulados, no estamos angustiados, usa la expresión griega stenochóreó, que se puede traducir: En un espacio estrecho o sin salida.

La angustia es el resultado de la pérdida de la esperanza, es sentir que el camino se hace angosto y pareciera que no hay salida. Pero no es esa la situación del creyente pues éste sabe que sí hay salida, que esto es temporal; por eso, es posible estar atribulado, pero no angustiado.

La versión de la Biblia la Peshitta traduce esta expresión así: “En todo somos afligidos, pero no estamos agobiados”.

Segundo: Estamos en apuros, mas no desesperados (II de Corintios 4: 8B)
El siguiente contraste que Pablo plantea es este: Podemos estar en apuros, mas no desesperados.

La palabra apuro proviene del griego aporoumenoi, que se puede traducir como estar dudando, sentirse perplejo, desorientado o sentirse en apuros, dando la idea de una persona que, ante una situación amenazante, no sabe qué camino tomar. Ahora, Pablo hace el contraste usando un juego de palabras fonéticamente similares; dice que está aporoumenoi pero no está exaporoumenoi, que se puede traducir como desesperado o totalmente desorientado.

Esta expresión de Pablo reconoce que, en ciertos momentos y ante ciertas circunstancias, podemos estar perplejos, con dudas, que nos hace sentir apurados, pero esto no significa que lleguemos al desespero pues sabemos cuál es el camino, sabemos a quién acudir.

La duda o el sentimiento de perplejidad, no deben dar paso al desespero, pues el creyente sabe a quien acudir y lo que debería hacer.

Tercero: Estamos perseguidos, mas no desamparados (II Corintios 4:9A)
Aquí, en esta siguiente expresión, Pablo es bastante gráfico, dice que en ocasiones nos sentimos perseguidos, pero esto no significa que estemos desamparados.

La palabra griega usada por Pablo proviene de diókó, que traduce ser perseguido, salir huyendo, poner en fuga. Estos sentimientos pueden aparecer cuando las circunstancias son adversas y sentimos que queremos salir corriendo ante las circunstancias; Pablo lo experimentó varias veces, incluso de manera física.

Pero, viene un hermoso contraste, Pablo dice que no hemos sido dejados atrás, que no hemos sido abandonados; egkataleipó denota la certeza que, a pesar de experimentar la persecución, nunca hemos sido abandonados en el desierto; Dios nunca, nunca, me dejará. Él no nos desampara.

Cuarto: Derribados sí, pero no destruidos. (II de corintios 4:8B)
El último contraste que Pablo plantea es este: Podemos sentir que estamos derribados (o como traduce la Biblia versión Peshitta abatidos), pero no destruidos.

La palabra que Pablo usa aquí proviene del griego kataballó, que se refiere a la acción cuando un luchador romano era derribado, arrojado en la arena, pero aún no había sido vencido, por lo tanto, no había sido derrotado aún, pues podía ponerse en pie de nuevo; de allí que Pablo dice que puede estar derribado, pero no ha sido destruido, ni derrotado totalmente, usa la expresión apollumi, que significa que aún no ha perdido, que no se puede declarar su derrota aun porque se pondrá en pie de nuevo para seguir luchando.

Es decir que en ocasiones tenemos la sensación de estar en el piso, pero eso no significa que hemos sido derrotados. El Señor nos dará fuerzas como las del Búfalo y volveremos a estar de pie y continuaremos luchando.

Conclusión.

En circunstancias como las actuales, en las cuales hay incertidumbre, preguntas, dudas, frustraciones, sentimientos de miedo etc; es posible que nos sintamos atribulados, en apuros, perseguidos y aun derribados, pero lo más maravilloso de todo es esto: Nuestra confianza en Dios ha de mantenerse intacta; Él nos ha prometido que estará con nosotros, que no nos dejará, ni nos desamparará.

Recuerda que: “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”.

El Señor siempre estará con nosotros y tendremos la victoria, saldremos adelante.

Confía en Dios y Él hará.

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