El discipulado: Crecimiento y cambios.

Quiero ilustrar este artículo sobre el discipulado, con las imágenes de esta planta que tengo hace poco tiempo en casa (me encantan las plantas y cuidar de ellas) Le he estado haciendo un seguimiento en unos 2-3 meses, y he podido observar los cambios que en ella están ocurriendo en este tiempo. Por esto considero viable y bastante ilustrativo, usarla como metáfora del discipulado.

La parte de la raíz de esta planta es muy particular, pues tiene una forma casi totalmente circular de hojas fuertes que se van extendiendo alrededor de una base cilíndrica. Nada de esto se puede ver a simple vista; pero está allí y es clave para su desarrollo y para darle fortaleza al resto de la planta que crece desde esta base.

En la vida cristiana y, en particular en el discipulado, hay componentes, acciones y prácticas espirituales, que son casi imperceptibles, pero que son claves para el buen desarrollo y crecimiento espiritual. Tu vida de oración, tu estudio de la Palabra de Dios, el ayuno, tu comunión con Dios y con la iglesia, y otras disciplinas espirituales, no sólo son necesarias, sino que, sin ellas, es imposible alcanzar el crecimiento espiritual y la madurez cristiana que Dios espera de nosotros. Estar unido a esa base, que es Cristo, es clave para recibir los nutrientes necesarios.

Las hojas nuevas que nacen en esta planta, crecen muy rápido, y una de las cosas que más llamó mi atención, es que muy pronto se van “asemejando”, se van “pareciendo”, en su forma y su color, a las demás hojas de esa planta. El discípulo cristiano debe ir evidenciando cambios en su vida, de tal manera que cada vez se parezca más a quien él sigue, este es Cristo. Hasta llegar a la plenitud de Cristo, a parecernos cada día más a Él.

Otra particularidad de esta planta, y de otras de su tipo, es que no se siembra en la tierra, como sería común, sino alrededor o sobre pedazos de otras plantas o sus frutos, en este caso capacho de coco. ¿Por qué? No tengo toda la respuesta, pero si he observado que retiene mas humedad, que es necesaria para su buen desarrollo.

Esto me enseña dos cosas:

1. No todos somos iguales, por lo tanto, la manera en que nacemos y nos desarrollamos espiritualmente puede ser diferente, y nadie puede pretender que su “modelo” es el único válido.

2. El cristiano debe salirse de lo convención, de la manera en que el mundo se desarrolla y maneja criterios de éxito, esta es una forma diferente de mostrar cómo la gracias de Dios es evidente en nosotros; estamos en el mundo, pero no hacemos las cosas como las hace el mundo.

Finalmente, es una planta muy joven, que crece muy rápido, aún no sé cómo se reproduce, no he visto cómo tomar de ella para que se reproduzca, no le he visto “los hijos”, pero estoy seguro, que en muy poco tiempo, estos vendrán y tendré más plantas como estas, ya que de una planta sana, en desarrollo constante, se puede esperar que se reproduzca. Lo mismo pasa con los verdaderos discípulos; estos crecen y se reproducen cada día.

No sólo es lo deseable, sino que es el mandato divino.

Por William Castaño

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