Escuela, estado, familia e iglesia: Quién es el responsable de la formación de las nuevas generaciones.

En medio de las actuales circunstancias sociales, no sólo en Colombia, sino en el mundo entero, se ha podido observar la presencia cada vez más creciente de jóvenes, algunos de ellos casi niños, desempeñando diversos roles o participando activamente en varios frentes: Los hay como manifestantes pacíficos con criterio social, los hay como manifestantes beligerantes y, en ocasiones violentos, los hay como revoltosos sin rumbo, desconocedores de los motivos reales, es decir protestan algunos sin saber por qué, y finalmente, los hay como vándalos y delincuentes.

La pregunta que surge es esta: ¿Cuál es el papel de las instituciones en esta situación? ¿a quién le corresponde la dificil, pero desafiante tarea, de formar cabalmente a estas nuevas generaciones? ¿será el estado, será la escuela, será la iglesia, será la familia?

Definitivamente al estado le corresponde facilitar los medios y los procesos para que esos jóvenes y niños reciban educación, y más que educación reciban formación. Pero el estado no es una institución educativa, no es su rol la formación, no es su tarea. Debe suplir y proveer recursos, organizar los entes educativos, supervisar su calidad y el cumplimiento de las tareas.

A la escuela, institución por naturaleza educadora, le corresponde la dificil tarea de ayudar en la complicada tarea de la formación de las nuevas generaciones.

¿Tiene responsabilidad en el estado actual de las cosas? sí, y mucha responsabilidad. Quizá, en los últimos años, se ha dedicado más a la transmisión de conocimiento que a la formación de la persona, de su carácter, de su integridad.

Sé que hay miles de excelentes maestros en todos los campos del saber, y que muchos buscan, con su ejemplo, incidir positivamente en las nuevas generaciones. ¿Pero es responsabilidad de la escuela la formación moral del sujeto? si, debería serlo, pero por diversas circunstancias muchos maestros no lo hacen, ya sea porque consideran que no es su tarea o, peor aún, porque muchos de ellos no tienen las condiciones morales o la autoridad moral para hacerlo.

La iglesia, como institución religiosa y formadora, tiene hoy una gran responsabilidad espiritual en la formación del carácter, la espiritualidad y la integridad de esos niños y jóvenes.

Pero tiene varias limitantes: ¿Qué hacer con los que no tienen iglesia, no se congregan? Cómo usar el poco tiempo que la iglesia tiene a esos niños y jóvenes para sacar adelante un proceso educativo sólido, cuando no se tiene maestros capacitados, materiales significativos y, peor aún, cuando no cuenta con el apoyo de la familia para reforzar y ejemplificar en el hogar esas enseñanzas, y de la escuela será utópico pensar que puedan cooperar en este campo.

Antes de hablar de las familias, permítanme darles unos datos:

    • ¿Sabe cuánto tiempo pasa un chico promedio jugando con consolas (Xbox, Playstation) entre los 6 y los 17 años? pasa más o menos 9.490 horas.
    • ¿Sabe cuánto tiempo pasa en redes sociales? entre los 6-17 años, 11.000 horas promedio.
    • ¿Sabe cuánto tiempo pasa viendo TV? Más o menos 14.235 horas, sin ser un adicto.
    • ¿Sabe cuánto tiempo pasa en la escuela o colegio, en esos mismos años? pasa unas 16.000 horas.
    • ¿Y sabe cuántas horas pasa en la iglesia, en promedio en ese mismo tiempo de su vida? Pasa más o menos 900 horas, sin perderse un culto o Escuela dominical.

Entonces, por qué perder el tiempo precioso de formación en la iglesia… Maestros, pastores, es necesario prepararse para hacer mejor la tarea.

Finalmente, la familia debe ser la primera escuela de formación moral y espiritual de los niños y los jóvenes.

No puede la familia desprenderse de esa responsabilidad y pasarla a la iglesia.

No, no es así, menos puede esperar que la escuela o el estado lo hagan…Tú como padre, como madre, como acudiente responsable, darás cuenta a Dios por tus acciones u omisiones.

Pero, sin familias sanas espiritualmente y emocionalmente, no tendremos iglesias sanas y menos sociedades sanas.

Por: William Castaño

Leave a Comment