Los hijos, la fe y la iglesia: Hasta la tercera y cuarta generación de los que se pierden.

En los últimos tiempos, hemos venido observando un creciente y preocupante fenómeno al interior de las iglesias cristianas. Es el hecho que muchos de los hijos de los creyentes, sean estos adolescentes o jóvenes, han ido paulatinamente marcando una distancia, o apartándose tristemente de esos principios espirituales sembrados por sus padres o abuelos.

Muchas familias de cristianos hoy, especialmente en América Latina, viven la experiencia de ser la segunda, tercera o cuarta generación (en algunos pocos casos la quinta generación) de creyentes, ya que alguna persona de esas familias, bisabuelos, abuelos o padres, conocieron del Señor y recibieron el mensaje de salvación.

Esa fe le fue compartida a otros miembros de la familia, particularmente a hijos y nietos. En algunos casos esa fe ha pasado de generación en generación, pero ya es muy evidente que, en muchos casos, esa cadena familiar de creyentes, que heredaron el testimonio de sus antepasados, ya está rota o ha empezado a romperse.

Haga el ejercicio usted mismo, trate de recordar quién fue la primera persona de su familia que recibió al Señor, ahora piense, cuántas generaciones han pasado hasta usted ¿3,4, 5 generaciones?

Cuántos familiares persisten firmes en el Señor hasta ahora. Estoy casi seguro que, en la mayoría de los casos, después de la segunda o tercera generación de estas familias, ya varios integrantes se han apartado o no quieren saber nada de las cosas de Dios. ¿Por qué, cuáles pueden ser las causas? Pueden ser muchas, pero permítanme compartir algunas ideas que me surgen después de investigar un poco sobre el tema.

1. No hubo testimonio o predicación consciente del evangelio.

Algunas personas consideran que “llevar” a sus hijos a la iglesia, lograr que participen de las actividades que se programen, incluso que asistan a la escuela dominical, es suficiente. Pero no es así, cada persona, sea niño, adolescente o joven, debe escuchar el evangelio, debe ser confrontado con su naturaleza pecaminosa, debe reconocer su necesidad espiritual, debe arrepentirse de sus pecados, en síntesis, debe nacer de nuevo. Cada persona en el mundo debe ser expuesto al mensaje del evangelio; esto incluye a nuestros hijos, nietos etc. Muchas veces la familia cree que es la tarea de la iglesia, y la iglesia considera que es tarea de los padres, y finalmente, ninguno lo hace.

2. Mal testimonio de la familia o la comunidad de fe.

En otros casos, la segunda, tercera o cuarta generación, ya no quiere saber nada del Señor o de la iglesia, por causa del mal testimonio de algunos padres o madres (o hermanos mayores) que profesando ser creyentes, viven vidas de mal testimonio en su hogar, en los negocios, en la vida laboral, todo esto es observado, y aunque no justifica el apartarse del Señor, si explica por qué en muchos casos esas nuevas generaciones no quieren seguir los caminos del Señor.

En otros casos, el mal testimonio de otros miembros de la iglesia, incluso de algunos pastores, es observado por los pequeños, que cuando crecen y tienen capacidad de análisis para estas cosas, simplemente se apartan o se vuelven rebeldes.

3. Normas y exigencias extremas que enfrentan a esos adolescentes o jóvenes con su mundo.

Entiendo que cada iglesia o misión tiene por tradición o por principios, normas acerca de la forma en que los creyentes deben actuar, comportarse, o vestirse, los lugares donde pueden ir o no; la música que pueden escuchar etc;  muchas de esas normas, prácticas o principios,  seguramente tendrán base bíblica o quizá se fundamenten en la tendencia histórica de dichas iglesia; pero, en muchas ocasiones, esas “normas” pueden llevar a muchos jóvenes a tomar la decisión de alejarse de las cosas de Dios,  pues a veces, los deja expuestos y sin argumentos sólidos en una sociedad cambiante.

Debemos tener en cuenta que lo interior es más importante que lo exterior y que el contenido es más importante que la forma.

4. Deficiencias en los procesos formativos de la iglesia.

No me extenderé aquí, ya que en otras ocasiones he escrito sobre este tema, pero gran parte de la responsabilidad por el abandono de muchos adolescentes y jóvenes de las iglesias, tienen que ver con deficiencias en los procesos formativos de la iglesia misma.

Es claro que niños sólidamente formados en su infancia, en la Palabra de Dios, adolescentes guiados en esa etapa de su vida con fundamentos espirituales firmes, tienen menos probabilidad de apartarse del Señor. Pero es claro, las escuelas dominicales, las clases infantiles y de adolescentes o jóvenes, NO pueden seguir siendo centros de entretenimiento o recreación, ese es un error que como iglesia vamos a pagar muy caro. Maestros sin preparación pedagógica, sin vocación ministerial, sin contenidos sólidos y bíblicos, sólo serán vehículos de escape de esa nueva generación.

5. Períodos pastorales cortos o sin continuidad.

Respeto profundamente a las iglesias y sus procesos administrativos y la manera en que se nombre o rota a sus pastores, sólo quiero dar una opinión fruto de una investigación de algunos años. En las iglesias, cuando una persona está bajo el pastorado de una misma persona, por varios años, y puede decir, mi pastor fue el que me presentó al Señor, el mismo que me bautizó y quizá, es el mismo que me casó. Eso establece una relación fraterna, estrecha y de respeto y confianza.

Probablemente es quien guiará espiritualmente a las nuevas generaciones de mi familia. Es muy evidente que ha dado resultado, no digo que sea infalible; pero un pastor, cuando ha sido el pastor de la familia, tiene mayor ascendencia sobre las nuevas generaciones.

6. No hay planes de trabajo que se enfoquen en los hijos de los creyentes.

Pocas iglesias trabajan proyectos de “fidelización”, es decir, de crear ambientes favorables para que las nuevas generaciones (lo que se denomina crecimiento biológico de la iglesia, es decir hijos nacidos dentro de la iglesia) tengan motivos suficientes para quedarse, cuando el mundo les está ofreciendo tantos motivos para irse. Sugiero a los pastores y líderes, hacer un estudio de las generaciones en las iglesias; cuáles son las familias de la iglesia más antiguas, cuántas generaciones persisten allí, y mucho más importante, cuántas ya no están.

Recuerden que cuando una cadena se rompe, se pierden muchos eslabones.  ¿Qué podemos hacer para rescatar a los hijos de los creyentes? ¿Por qué hay iglesias donde las abuelas, abuelos, madres y padres asisten, pero sus nietos o hijos no? ¿Qué pasó?

Si queremos que el mundo sea salvo, empecemos por salvar las generaciones al interior de nuestras iglesias.

Para capacitarse, visite: www.ministeriosdidaskalia.org

Por William Castañol

Leave a Comment