En el mundo actual parece que tener éxito es una exigencia para cada profesión y desempeño, casi que para la vida misma. Esto, de alguna manera ha impregnado y afectado el desempeño mismo del ministerio pastoral.

Hoy se habla mucho de pastores exitosos, de pastores que enseñan a otros a tener éxito, pero la pregunta más importante es esta: ¿fuimos llamados a tener éxito?

Veo en la Biblia muchos ejemplos de llamado, desde el llamamiento de Moisés en el libro de Éxodo, pasando por los llamamientos de Isaías, Jeremías, Ezequiel, incluso el apóstol Pablo.

En todos esos y muchos otros llamamientos más, veo que Dios les convoca, no necesariamente para tener éxito, sino para cumplir una misión. Incluso, en casos como el de Isaías y Jeremías, es evidente que, desde el principio, ellos son conscientes que no tendrán éxito, que cumplirán la misión, pero no serán escuchados, por el contrario, serían rechazados, perseguidos y, en varias ocasiones, muertos violentamente.

No estoy diciendo que nuestra tarea no es hacer las cosas bien hechas y lograr buenos resultados, y tener éxito; pero no debe ser la prioridad, esto está llevando a líderes espirituales a compararse, a vivir angustiados porque su consiervo del otro barrio o ciudad, crece a otro ritmo, pareciera tener éxito, pero este otro no.

Creo que hay dos problemas esenciales:

Primero, redefinir qué entendemos por tener éxito en el ministerio.

Lamentablemente, en muchas ocasiones, el éxito ministerial está asociado con el crecimiento numérico de las iglesias que pastoreamos, o con la cantidad de invitaciones que se recibe para predicar, dirigir conferencias, publicar escritos, y tristemente, en algunos casos, se asocia con prosperidad económica del “siervo”.

Todo esto es cuantificable y no necesariamente refleja otros aspectos claves en el cumplimiento del sagrado llamado pastoral.

El segundo problema es que, en ocasiones, se nos olvida que fuimos llamados fundamentalmente a servir y ser fieles.

Lo que el Señor quiere de nosotros es la fidelidad en el cumplimiento de la tarea y si esto trae resultados observables, que reflejan la fidelidad nuestra, bienvenido todo eso; pero no es la prioridad amados pastores, no fuimos llamados a ser exitosos, fuimos llamados a ser fieles.

El día que estemos en la presencia del Señor, Él dirá: “Ven, buen siervo y FIEL”, no dirá “Ven buen siervo exitoso”.

No nos dejemos encasillar por el mundo. Consiervo, hagamos la tarea encomendada, cumplamos la misión a la cual fuimos llamados, seamos fieles, lo demás es añadidura; sólo genera sentimientos de frustración y competencia.

Recuerda: “Ven buen siervo y FIEL”

Por: William Castaño

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