¿Qué determina el género? Una respuesta científica a la alcaldesa de Bogotá.

Hasta hace dos décadas, las palabras sexo y género podían usarse de manera indistinta sin problema. Hoy, sin embargo, esto ha cambiado. Muchos han comenzado a opinar que el sexo define solo características biológicas que causan que un individuo sea varón o hembra, y que el género (masculino o femenino) es una construcción social y no biológica que está determinada por lo que la persona siente que es, hombre o mujer, independientemente de sus órganos genitales.

Según nuestra sociedad, la biología no tiene nada que ver con la identidad de género. Pero el asunto no es tan sencillo como parece.

Para comprender cómo se determina el sexo de una persona, debemos regresar a la genética y a la embriología.

En el núcleo de cada célula hay genes con diferentes combinaciones de ADN, las unidades hereditarias que determinan no solo las características físicas de la persona, sino también el funcionamiento de cada órgano.

Las diferentes combinaciones en el ADN determinan las características de los seres humanos: El color del pelo, el tono de la piel, o cualquier otro rasgo que marca la individualidad de la persona. En los seres humanos hay 23 pares de cromosomas (46 en total) 22 pares se conocen como autosomas y son iguales en el sexo masculino y en el femenino. El último par, son los que llamamos “cromosomas sexuales”. Aquí existe una diferencia: Las personas femeninas tienen dos cromosomas X (XX) y las personas masculinas tienen un cromosoma X y otro Y (XY).

Entonces, el sexo está determinado por el tipo de gen que el feto recibe de sus padres. El hijo o la hija recibe un cromosoma sexual de cada progenitor. La madre siempre donará un cromosoma X y el padre puede donar un cromosoma X o un cromosoma Y. Esto determinará si el nuevo ser es de sexo masculino o de sexo femenino.

Aunque el sexo queda determinado en el momento de la concepción, en el estado fetal el desarrollo de ambos sexos es idéntico hasta la sexta semana. Si el feto es masculino, entrará en juego una proteína conocida como proteína SRY, que se produce a partir de un gen en el cromosoma Y.

Esta proteína ocasiona la formación de los órganos masculinos. Si la proteína SRY está ausente, se desarrollarán los órganos femeninos. Así, la composición genética (lo que llamamos el genotipo) es lo que determina como el individuo luce y funciona (es decir lo que llamamos el fenotipo).

Cuando una persona afirma sentirse más como el sexo opuesto al que su fenotipo demuestra, entonces se habla de disforia de género.

Ese individuo profesa sentimientos como si estuviera en el cuerpo del sexo equivocado, condición que se ha denominado transexualidad. En otras palabras, la persona siente que es una mujer atrapada en un cuerpo de hombre o viceversa (disforia de género).

El término disforia de género también se utiliza para referirse a personas que sienten que su género no es exclusivo (masculino o femenino), estas personas alegan que son “bigénero” y se identifican con ambos géneros.

También existen quienes se denominan “agénero”, porque sienten una ausencia de género o porque se consideran en un tercer género totalmente separado de los otros dos.

El pensamiento popular de hoy declara que el género es determinado en el individuo no por su genética, sino por lo que la persona “siente”. Esto, antes del postmodernismo, se habría considerado descabellado.

Ni la Biblia, y mucho menos la ciencia, respaldan ese tipo de afirmaciones. El género de una persona está determinado por su composición genética y no es una asignación social o una elección personal.

A partir de lo que veníamos diciendo, en el artículo ideología de género, segunda parte. Esto implicaría, dice la Dra. Catherine Scheraldi que, si me siento mujer, pues eso es lo que soy.

Incluso, los defensores de la ideología de género desean probar que los niños escojan el sexo que ellos quieren ser. Esto significaría que, si un niño siente que es Superman, deberíamos permitirle que se identifique como tal porque eso es lo que siente.

Hace algún un tiempo la BBC de Londres informó que una mujer sentía que era hija del famoso artista Salvador Dali, análisis de ADN probaron la falsedad de lo que ella sentía.

Entonces, ¿por qué decidimos creer en la genética en este caso, y no cuando un niño afirma que siente que es (varón o hembra) cuando realmente no lo es?

Es notorio que no podemos decidir lo que somos basándonos en nuestros sentimientos y en contra de la evidencia. Algunas personas manifiestan que sienten que son animales e incluso han tratado de vivir como tales.

Pero no por eso los consideramos animales. ¿Por qué no? Porque su genética prueba todo lo contrario.

Usaremos un versículo bíblico como ilustración y aplicación. Proverbios 14:5: “El testigo veraz no mentirá, pero el testigo falso habla mentiras”.

Es evidente que el contexto de ese pasaje no es la sexualidad humana, pero a modo de ejemplo podríamos declarar que el testigo veraz es la composición genética que Dios nos dio y el testigo falso es la cirugía que pretende hacernos lucir como lo que no somos.

Una mujer puede acentuar o remover aspectos de su feminidad con sus acciones, pero ella no puede alterar su verdadera feminidad. Aun después de masculinizar su feminidad, esa mujer porta un par de cromosomas XX en cada célula de su cuerpo.

La confusión y caos de nuestra cultura se deben, en gran proporción, a que las mujeres (y también los varones) se han conformado a los patrones y formas de pensar del mundo, que son contrarios a las directrices dadas por el apóstol Pablo en Romanos 12:1-2.

La cosmovisión cambió, y por lo tanto también cambió el lenguaje. Ya no es “género biológico”, como siempre se afirmó, sino “género asignado”, lo cual significaría que este fue asignado al nacer por parte del personal médico, sin conocer si será el género con el que el niño o la niña se identificarán.

Como hemos visto, la biología, la embriología y la genética demuestran que solo hay dos sexos. Esta noción de que el género es independiente del sexo biológico se considera precisamente una ideología porque no está basada en la ciencia.

Considerando todo esto, es claro que la alcaldesa de Bogotá está totalmente equivocada, no sólo desde el punto de vista moral, sino desde el sentido común y desde la ciencia, que ella misma reclama que debe ser la norma.

Señora alcaldesa, usted se puede sentir hombre y tener como pareja a otra mujer, pero le tengo una mala noticia, le guste o no, usted es una mujer, aunque se vista como hombre no deja de ser mujer, el género es un asunto de genética, no de gustos ni de cómo me siento.

Este fragmento es tomado del libro:

Revolución Sexual: Una perspectiva bíblica y un análisis médico. De la Dra. Catherine Scheraldi de Nuñez. Médica endocrinóloga y genetista.

Publicado por Editorial Brodman y Holman. Adquiéralo en su librería cristiana de confianza.

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