Usted es de la generación que no ha hecho nada, ni sufrido nada.

Transitaba por una de las avenidas en Cali, de repente, estaba frente a uno de tantos bloqueos existentes. Se me acercaron varios jóvenes con cara de pocos amigos, y se dirigió a mi una jovencita, seguramente no supera los 18 años y me pidió “la colaboración” voluntaria para poder pasar.

De repente tuve la osadía de preguntarle; por qué estás protestando, me respondió: “Porque gente como usted, de su generación, no han hecho nada, y no han sufrido nada”.

En ese momento recordé una frase de mis viejos: “la ignorancia es atrevida” y yo agregaría que la estupidez también lo es”. Confieso honestamente que en ese momento deseaba que esa chica fuera mi hija, paticas le habían faltado para huir de la tunda por su arrogante y grosera respuesta, pero recapacité, pues no era mi hija y la corte constitucional no permiten ahora ni un regaño, por eso estaba allí exigiendo una “colaboración”.

Pero, al abandonar el lugar, en reversa, pues no pude pasar por allí al negarme a “colaborar”, pensé, ¿será cierto lo que dijo?

Soy, y creo que represento, a las generaciones de los nacidos en las décadas del 60, 70 y 80s. Ya superamos los 40 años y muchos los 50 años. Y recordé que:

Fuimos, en muchos casos, la primera generación de hijos de campesinos, llegados a las ciudades colombianas huyendo de las persecuciones políticas y religiosas entre 1948 y 1958. Cada noche, entre lágrimas, sufrimos escuchando a nuestros padres y abuelos contarnos como tuvieron que abandonar sus fincas y llegar a las ciudades con una maleta y la frustración de quien no sabe lo que va a hacer.

Fuimos una generación que asistió al colegio con los mismos zapatos 1, 2 o más años, con varias “reparaciones”, eran los que había que limpiar y echarles betún, para el domingo ir a la iglesia. Fuimos la generación que estrenamos cuando nuestros hermanos crecían y nos heredaban.

Fuimos la primera generación que probablemente fue a la universidad, estudiando de día y trabajando de noche, o a la inversa.

Fuimos la generación que le tocó vivir las crisis económicas que literalmente “quebraron” al mundo en: 1975, 1982, 1991, 2009 y ahora con la pandemia. Estuvimos sin trabajo mucho tiempo, y muchos, que habían adquirido su casa con crédito, la perdieron por embargo, fuimos esa generación que se crio en casa alquilada.

Fuimos la generación que preparó sus alimentos con estufa de petróleo o kerosene y, en muchos casos, con leña. Fuimos la generación que, siendo niños, nos enviaban a la galería o la carnicería a comprar 20 pesos de “hueso carnudo” para sacar sustancia.

Fuimos la generación cuyos hijos ahora son jóvenes, a muchos de los cuales se les dió el pan que había, y ante la pregunta “ya comiste”, respondíamos ” es que no tengo hambre”, sólo para que ellos comieran.

Fuimos la generación que le tocó la guerra de los narcos, cuando en muchas ciudades de Colombia, no se podía dormir, a causa de las explosiones y las bombas. Fuimos la generación que durante muchos años no pudo recorrer el país a causa de las pescas milagrosas y los retenes.

Fuimos la generación que hizo préstamos en ICETEX para que los hijos fueran a la universidad, préstamos que sacaron lágrimas y mucho sudor.

Fuimos la generación en la cual algunos emigraron a otros países, especialmente Venezuela o EEUU, para trabajar allí 12-14 horas diarias, con el propósito de darle a los hijos un mejor futuro. Muchos de estos padres no alcanzaron a jubilarse, o la vida no les alcanzó.

Fuimos de la generación que participó de protestas sociales, mientras éramos estudiantes, marchamos y conseguimos muchas cosas, entre ellas, el fortalecimiento de la democracia luego del Frente Nacional de los 60s. Esa generación cuya frase más “hiriente” y ofensiva era: “La peor desgracia de una madre es tener un hijo policía…” Hoy me arrepiento de lo dicho en aquellos días.

Fuimos la generación que intentó aprender de las nuevas tecnologías, con algunos hijos “sabiondos” y de poca paciencia para enseñar a sus padres, lo que ellos creen que es obvio.

Apreciada jovencita, su derecho a la protesta es legítimo, constitucional y válido, y estoy de acuerdo con usted en muchas de las reclamaciones, que estoy casi seguro, usted no sabría explicar; pero quiero decirle algo, yo pertenezco a una generación curtida por el dolor, la lucha y el sufrimiento. a mí no me venga a dar lecciones de moral y patriotismo, y recuerde: “La ignorancia es atrevida y lo otro también”.

Por William Castaño

Visita: www.ministeriosdidaskalia.org

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